Tengo yo, hombre del subtrópico, escasa preferencia por los inhóspitos fríos polares. Ciertamente que me llamó con poder la atención una isla antártica llamada Georgia del Sur, toda llena de leones marinos, morsas, focas y multitud, multitud de pingüinitos. He llegado a pensar que, como este mundo siga como va, no tendré problema en desear finalizar mis días en la susodicha. Pero dejo para tales depresiones y para los tiempos de mi más gélida senectud eso de adoptar pingüinos por mascotas.
Máxime pensando que a no tantos kilómetros, en nuestro más inmediato continente, con clima más entendible a nuestros hábitos, se encuentran amplias y cálidas sabanas donde placidamente pastan esos soberbios antílopes llamados ñus (o gnus, que ambas grafías admite nuestra Academia).
En todo caso, ante lo imponente de su tamaño, y entendiendo que las nuestras son islas chiquitas, prefiero seguir pajariando con los entrañables canaritos y con mis queridas siete margaritas verdes.
No pasó nada en especial ...
No pasó nada en especial. Simplemente evolucionó de canarito a pingüino
(no recuerdo el motivo exacto, pero fué un tema puramente estético.)
Me gusta el Software Libre y su filosofía: por eso uso Debian
Subtropical
Tengo yo, hombre del subtrópico, escasa preferencia por los inhóspitos fríos polares. Ciertamente que me llamó con poder la atención una isla antártica llamada Georgia del Sur, toda llena de leones marinos, morsas, focas y multitud, multitud de pingüinitos. He llegado a pensar que, como este mundo siga como va, no tendré problema en desear finalizar mis días en la susodicha. Pero dejo para tales depresiones y para los tiempos de mi más gélida senectud eso de adoptar pingüinos por mascotas.
Máxime pensando que a no tantos kilómetros, en nuestro más inmediato continente, con clima más entendible a nuestros hábitos, se encuentran amplias y cálidas sabanas donde placidamente pastan esos soberbios antílopes llamados ñus (o gnus, que ambas grafías admite nuestra Academia).
En todo caso, ante lo imponente de su tamaño, y entendiendo que las nuestras son islas chiquitas, prefiero seguir pajariando con los entrañables canaritos y con mis queridas siete margaritas verdes.